El Álamo, el primer panteón de Cancún

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Por Francisco Verdayes Ortiz.
Quizás por las condiciones insalubres de la selva, tal vez por la cantidad impresionante de moscos y alimañas, y seguramente por la carencia de médicos, en esos primeros diez años de nacida la Colonia Puerto Juárez (nació en 1954) las únicas personas que fallecían eran niños, por lo que se hizo necesario hacer un cementerio.
Para crearlo, don Luis Díaz Aguilar (+), uno de los fundadores de la Colonia y por algún tiempo subdelegado de gobierno, mandó a desmontar un terreno, a la orilla de la carretera (hoy avenida José López Portillo), que antes servía como pastizal para los caballos que iban a Rancho Viejo.
A pesar de que originalmente no se contó con el permiso de las autoridades isleñas, con el tiempo éstas fueron aceptando la necesidad de un panteón. Don Luis Díaz le llamó “El Álamo” porque aseguraba que en ese lugar había un álamo muy grande junto a un árbol de chicozapote.
Lo que más llama la atención es que quiso el destino que fuera alguien de su familia el primer muerto adulto enterrado en el cementerio de la Colonia Puerto Juárez. Se trató de su suegra, Eligia Quiab de Gómez, originaria de Campeche, quien vino de visita y falleció en este lugar el 10 de agosto de 1966.
Así fue como nació el primer camposanto de la zona, que con la llegada de Cancún se hizo municipal y que recibió no sólo a los primeros pobladores de Puerto Juárez sino a los pioneros de esta ciudad. Lamentablemente el cementerio careció de una traza y las tumbas se construyeron de manera anárquica.

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