Holbox, isla de valientes

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* Ni la cruenta Guerra de Castas, ni el paso de los huracanes ha logrado que sus habitantes abandonen su isla

Lic. MARIA TERESA GAMBOA GAMBOA (+)

Holvos, Polvos, o Holbox de Palomino, o simplemente Holbox, que en maya significa “hoyo negro”, es el mismo suelo que pisaron los mayas del cacicazgo de Ecab; las mismas arenas que en 1528 pisó Francisco de Montejo dispuesto a internarse a la Península de Yucatán en su primera intento de Conquista.

El mismo mar que miraron piratas como los hermanos Lafitte en el siglo XIX. Los parajes que recibieron a la población mestiza costera en el siglo XIX durante la devastadora Guerra de Castas. El lugar en el que fue apresado Felipe Carrillo Puerto en diciembre de 1923.

El 21 de julio Holbox celebra la fundación de este pueblo.

Remontémonos al 30 de julio de 1847 cuando dio inicio la rebelión campesina más importante del siglo XIX en América Latina, conocida en la historia regional como Guerra de Castas.

Al fragor de la pólvora, los machetes ensangrentados y el tronar de los fusiles, fueron cayendo e incendiadas ciudades, pueblos y ranchos del oriente peninsular, en la región cercana: Xcan, Labcah, Yalahau, por mencionar algunos, fueron abandonadas por sus habitantes para buscar refugio en las islas cercanas.

Los primeros datos documentales de la ocupación de Holbox datan del 8 y 16 de diciembre de 1852 a través del reporte del comisionado militar Juan Díaz y el oficio del juez de paz de Isla Mujeres don Bartolomé Magaña dirigido al gobernador de Yucatán.

Poco tiempo antes habitantes de la costa de tierra firme (Yalahau) habían sido atacados por trescientos mayas rebeldes quienes tomaron prisioneros a 15 vecinos cuando trabajaban sus milpas.

Sobrecogidos por el pavor, los restantes se embarcaron en sus canoas para tomar rumbo a Holbox; dejaron atrás hogares, ropa, utensilios, herramientas y todo cuanto había sido su vida; menos su capacidad de decidir.

Al enterarse de los acontecimientos el comandante militar del ejército yucateco en Río Lagartos, envió a su lugarteniente Juan Díaz a evacuar a los refugiados en la isla. Lo que no pudo prever fue la terca negativa de este grupo de seres valientes a abandonar el lugar; esto ocasionó el reporte a las autoridades de Isla Mujeres.

El juez de paz mandó el oficio antes mencionado sugiriendo prohibiera la ocupación de Holbox ante el temor de otros ataques de los mayas rebeldes. En 1854 ya habían sido reconocidos como vecinos de Holbox, es decir, holboxeños, cuyo asentamiento estaba en la punta de la isla, conocido como el “viejo Holbox”. Los originales de los documentos citados pueden ser consultados en el Archivo Histórico del Estado de Yucatán.

De este episodio pueden desprenderse dos aspectos: uno los antecedentes de la fundación, y otro, el carácter recio y digno de sus pobladores, cuya maravillosa terquedad ha permitido hacer frente con fortaleza y alegría a las innumerables adversidades construyendo una laboriosa comunidad.

Gracias a estas características pudieron resistir al aislamiento, las graves carencias de productos básicos de consumo como harina, manteca y telas que por el trueque obtenían de los eventuales “comerciantes” que pasaban por ahí, a cambio de tortugas vivas o pescado que sacaban del mar y secaban en sus solares, pescadores y agricultores acostumbrados avizorar en el horizonte las nubes que presagiaban el majaché o las proximidades de ciclones con la que la diosa Ixchel acostumbraba demostrar su enojo, pero que con la protección de San Telmo lograban superar.

LAS COLONIZADORAS

A 14 años de haber llegado el primero grupo, durante la administración del emperador Maximiliano se levantaron censos de población en todo el país, por el recuento poblacional de la municipalidad de Isla Mujeres realizado en octubre de 1866 sabemos que en Holbox vivían 30 personas entre niños y adultos, las personas de mayor edad eran don Luis Vecelis de 71 años y doña María de la Cruz Zetina de 50 años. Otros apellidos que aparecen son Gómez Cahum, Novelo, Correa, López, Moguel Alamilla, Osorio, Méndez, Chan, Pech Peña.

Una década después se daría el proceso de transformación de la región: a partir de la firma del Tratado de Paz en 1859 entre el Gobierno de Yucatán y los mayas nororientales, conocidos desde entonces como la tribu pacífica de Kantunilkín fue posible el establecimiento de dos grandes empresas enfocadas a la explotación forestal: El Cuyo (1875) y la Compañía Colonizadora de la Costa Oriental (1890) dedicadas al principio a la explotación del palo de tinte y luego del chicle y la madera.

Estamos hablando del arribo de miles de trabajadores dedicados a extraer las riquezas forestales para su exportación internacional pero también de requerimientos de alimentos, ropa e implementos de trabajo, todo ello se tradujo en la activación del comercio regional, con barcos para el transporte.

Hablamos entonces del inicio de la navegación de cabotaje, en cuya ruta quedó insertada la isla de Holbox, en el muelle de madera atracaban embarcaciones, una vez por semana procedente de Progreso o de Cozumel y aun Belice cuyo pasajes costaba $ 15.00 en primera clase y $ 10.00 en cubierta; uno de los barcos que proporcionó el servicio fue el “Ibero” propiedad de la Compañía Colonizadora, en esta embarcación, por este muelle también pasaron cientos de familias indígenas yaquis en doloroso exilio al caribe mexicano.

En pleno proceso de crecimiento, el enojo de Ixchel se hizo sentir nuevamente, el ciclón que tocó en octubre de 1886 destruyó el antiguo pueblo. El gobernador de Yucatán ordenó el desalojo definitivo de la isla, pero con esa maravillosa firmeza con que 37 años atrás se negaron a abandonar la ínsula, enraizados en la arena como las palmeras traídas de tierra firme, los holboxeños volvieron a decir NO.

A don Guillermo Palominos no le quedó otra que aceptar la decisión, pero trasladó el asentamiento al sitio donde ahora estamos, llevando a cabo el trazo de las calles y solares; en reconocimiento el pueblo comenzó a llamarse “Holbox de Palomino”, el tráfico comercial reanudó y con ello la presencia de autoridades aduanales, una pequeña guarnición militar y la escuela.

Es así como podemos comprender que en 1901 ya hubieran 544 habitantes, número que a partir de 1910 comenzó a descender; fue hasta 1960 se volvió a alcanzar la cifra de principios de siglo.

El 24 de noviembre de 1902 el Congreso de la Unión aprobó la iniciativa de ley presentada por el general Porfirio Díaz presidente de la República creando el Territorio Federal de Quintana Roo.

El antiguo partido de las islas del cual Holbox formaba parte quedó integrado a la nueva entidad política como una subprefectura del distrito norte; las nuevas autoridades territoriales nombraron a don Amado Brito, antiguo juez de paz, como subprefecto y don Pedro Moguel como oficial del Registro Civil.

En la escuela elemental de varones el profesor Agustín Angulo atendía a 18 alumnos, aunque la plaza de maestra en el liceo de niñas permanecía vacante.

Los establecimientos comerciales más populares eran cinco expendios de licor y una panadería, cuyos propietarios don Amado Brito, don Manuel Ordaz, don José Rodríguez, don José María Baas y don Gabriel Betancour, pagaban al fisco $ 5.00 mensuales por patente; otro impuesto, especial para Holbox, era el de 12 centavos mensuales por tenencia de perro. Un servicio novedoso para la época fue el alumbrado público.

La inestabilidad del periodo revolucionario también se vio reflejada en Quintana Roo, la compañía “El Cuyo” quebró y a la Colonizadora de la Costa Oriental le fue retirada temporalmente la concesión en 1914, entonces el trabajo escaseó, obligando a muchos de los moradores de la isla a buscar oportunidades en otros lugares, pero aquellos pescadores acostumbrados a extraer del mar su riqueza permanecieron con su maravillosa determinación.

PUEBLO DE PESCADORES

En 1916 cuando Salvador Toscano (iniciador de la cinematográfica en México) pasó por acá lo primero que llamó su atención fue la abundancia de conchas rosadas, observó también que los habitantes se dedicaban a la pesca del cazón, que las casas que componían el poblado estaban construidas de palma amarrados con bejuco, a la vera de las callecitas de arena, por las que aún caminamos con deleite.

En enero de 1934 fundaron la cooperativa de pesca en la cual Ángel Villanueva, Juan Ordaz e Ignacio Ordaz eran los dirigentes del Consejo de Administración y Pedro Moguel, Pablo Cruz y Manuel Rosado del Consejo de Vigilancia.

La introducción del motor fuera de borda en la década de los 50 marcó una nueva etapa del desarrollo pesquero, catorce años después crearon la sociedad cooperativa de producción pesquera “pescadores de la isla de Holbox”.

El México bronco seguía despierto, el levantamiento delahuertista de diciembre de 1923 cobró varias víctimas en la península, entre ellas a Felipe Carrillo Puerto gobernador socialista de Yucatán; tratando de huir hacia Cuba en Yalahau fue tomado prisionero, su primera noche en cautiverio la pasó en la cárcel de Holbox.

A pesar de estas perturbaciones sociales la vida insular seguía a ritmo cadencioso de las olas del mar que marcaba sus tiempos de pesca, de recolección, o de reposo, mientras los niños asistían a la escuelita, un local de palma que doña Vitalia Zetina rentaba por 10 pesos mensuales.

Las profesoras Margarita Ontiveros y Aurora López atendían a 14 niñas y 35 varones. Tiempo después las condiciones precarias obligarían a maestros y educandos a trasladarse a la casa del pueblo, en 1934 querían adquirir el local en la esquina norte del parque. Durante el cardenismo al final la escuela primaria Andrés Quintana Roo (hoy José Torres Quintero) tuvo su lugar propio.

Recordemos también cómo comenzó a ser roto el maleficio de la incomunicación, primero con el telégrafo accionado por las ágiles manos de don Alfonso Avila Sardineta, luego los barcos que unían con Chiquilá, el campo de aviación donde los aviones cargados de langosta despegaban de su pista, por último el trasbordador en la década de los noventa.

Algunos recordarán cuando don Ernesto Aceves trajo la potente maquinaria que generaba energía eléctrica para sus negocios y algunas casas.

Narrar todos y cada uno de los acontecimientos históricos protagonizados por los habitantes de esta bella isla nos tomaría muchos capítulos. Este es apenas un sencillo homenaje a Holbox y sus habitantes a quienes, en julio de 2004, entregué algunos testimonios documentales de su historia, que como susurros del pasado se asemejan a los murmullos del mar en el caracol.

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