Nuestros orígenes polinesios y chinos

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* Cuando el turismo aún no figuraba. * La diversidad cultural en la zona del actual Quintana Roo es mucha más remota de lo que nos imaginamos

Por Francisco Verdayes Ortiz

Si usted piensa que Quintana Roo es un ejemplo de diversidad cultural a partir del turismo, se equivoca. La migración hacia esta zona de la República Mexicana ha sido una constante, y hoy sabemos de gran trascendencia no sólo para la historia nacional, sino también continental. ¿No lo cree? ¿Le parece exagerado? Déjeme le cuento lo siguiente.

En el año 2002 un grupo de investigadores localizó tres esqueletos humanos en una caverna inundada, a unos cuatro kilómetros y medio de los vestigios arqueológicos de Tulum. La ciencia pudo determinar que estas personas vivieron hace más de 10 mil años, durante la llamada Era de Hielo. La excelente conservación de los huesos (el 90 por ciento en buen estado) permitió la reconstrucción de este ser, a quien se le dio el sobrenombre de “La mujer de las Palmas”.

“Volver a la vida” a esta cavernícola “quintanarroense” fue todo un suceso, pues junto con los otros dos viajeros del tiempo, los científicos aseguraron que se trataba de los ancestros más remotos del continente americano, encontrados hasta el momento.

Al morir –la dama en mención– tenía entre 44 y 50 años, una estatura de 1.52 metros y un peso de 58 kilos. Empero, lo más relevante del hallazgo fue descubrir que su estructura corporal, color de piel y ojos, no correspondían a los rasgos de la población del norte de Asia.
Usted recordará que por años se nos enseñó en la primaria que el poblamiento del continente se había iniciado a través del estrecho de Bering, que los cazadores siberianos, seguramente siguiendo una presa, habrían ingresado de manera fortuita a América.

La media filiación de “La Mujer de las Palmas” no coincidió con la historia tradicional, pues su físico era más semejante al de los habitantes del sureste asiático, de lo que se conoce como la Polinesia, es decir, ese conjunto de islas del Pacífico entre las que destaca Hawaii.

De lo anterior se deduce que cuando los mares se congelaron, llegaron a nuestra tierra gente de la Polinesia. No es una teoría descabellada, tomando en cuenta el extremo parecido entre mayas contemporáneos y hawaianos, por citar un ejemplo.
Pero la historia del flujo migratorio no para ahí. Hoy también se sabe que los chinos, que durante siglos fueron una potencia marítima, llegaron a América por lo menos 500 años antes que Cristóbal Colón. Los investigadores encuentran marcadas influencias asiáticas, especialmente entre los incas del Perú y los mayas mesoamericanos.

Para nadie es un secreto lo sorprendentemente parecidos que resultan el idioma chino y la lengua maya; muy al margen de los detalles físicos de su gente como la forma del cabello y, en algunos casos, los ojos oblicuos (rasgados). Investigaciones científicas dicen que el ADN es el mismo.

EL ORIGEN NEGRO

Hasta estos momentos pareciera que nuestra historia ancestral se limitara a una fusión americana entre asiáticos de todas las épocas y de todas las latitudes, pero viene una tercera hipótesis que le da más sabor al asunto. Se supone que la historia maya se desprende de la antigua civilización olmeca, conocida como la madre de las culturas mesoamericanas. Los historiadores piensan que una rama de los olmecas emigró a Centroamérica, grupo del que posteriormente surgieron los mayas.

Pero lo interesante no es saber de dónde salieron los mayas, si no de dónde llegaron sus “abuelos” los olmecas. Una buena parte de los investigadores piensan que los olmecas pudieron ser un grupo de origen negro, esto surge a raíz de la gran cantidad de evidencias que se desprenden de los rasgos de las cabezas colosales de piedra, en las que pueden distinguirse labios gruesos (bemba) y nariz chata, amén de un sin número de detalles como el descubrimiento de esqueletos de origen negro junto con elementos como la concha azul que sólo se encuentran en las costas africanas.

Nuevamente la historia tradicional nos dice que la raza negra fue traída por los conquistadores españoles en el siglo XVI pero, entonces ¿qué tienen que ver los negros con la civilización olmeca, mil 700 años antes del descubrimiento de América? Una posible respuesta está en la civilización egipcia que no sólo tuvo una población negra sino incluso faraones negros, eso nos explicaría la tendencia a la elaboración de obras colosales como las pirámides.

El hecho de que los egipcios no fueran navegantes echaría por tierra la hipótesis de una travesía transoceánica de tal nivel, pero los egipcios tuvieron un pueblo aliado que era experto en surcar los mares: los fenicios, quienes recorrieron el continente africano –centímetro a centímetro– por encargo de los faraones de Egipto, de aquí surge el eventual nexo con la cultura olmeca, cuya ramificación terminará siendo maya.

ESPAÑOLES, LOS ÚLTIMOS EN LLEGAR

Finalmente, a principios de 1500, ya con el continente americano descubierto, arriba la última oleada de ésta que es la diversidad cultural más remota. Son los españoles con marcadas influencias árabes, luego de siete siglos de dominación musulmana. Para 1511 habría de llegar Gonzalo Guerrero y con ello iniciarse un nuevo mestizaje, uno de los tantos que han ocurrido en estas tierras de origen polinesio, chino, africano, egipcio-fenicio, y todo ello cuando el turismo aún no figuraba.

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