Pedro Infante en Quintana Roo

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  • Los domingos que no había vuelos, pedía un avión, se lo daban y subía al trío Los Tecolotes, a las secretarias, a unos amigos, pasaba a Carrillo Puerto por mi papá, y se iban a Cozumel a pasar el domingo, y de regreso entre las 5 y 6 de la tarde, regresaba a mi papá a Carrillo Puerto y volvía a Mérida…

Por Francisco Verdayes Ortiz

Revista Pioneros

Ruperto Prado Fuentes fue un hombre que nació el 28 de abril de 1922, cuyo padre Ruperto Prado Pérez (+) llegó a principios del siglo antepasado procedente de la región de la Rioja, España, para dedicarse a la comercialización del chicle.

Nuestro entrevistado, lamentablemente ya fallecido, radicaba en Chetumal y era muy conocida la amistad que su familia, pero especialmente su padre tuvo con el ídolo de Guamúchil, Sinaloa.

Don Ruperto recibió a PIONEROS en marzo de 2007 en la sala de espera del consultorio de su yerno y nos platicó todo acerca de las actividades de Pedro Infante en la Península de Yucatán, y naturalmente en el Territorio de Quintana Roo.

– ¿Cuál es el primer contacto de Pedro Infante con Yucatán? ¿Por qué viene a Yucatán? ¿Por qué a Chetumal, Cozumel y Felipe Carrillo Puerto?

“Mi papá era socio de TAMSA (Transportes Aéreos Mexicanos, S.A) y en una ocasión que estaba en las oficinas de la ciudad de México, se acercó un jovencito a pedir una carta de recomendación y como le cayó bien a mi papá, le ordenó a la secretaria que le hiciera la carta. Este joven era Pedro Infante y ahí nació la amistad. Luego grabó su primer disco y se lo llevó a mi papá, y ya era su íntimo amigo”.

– ¿Pero Pedro Infante ya era famoso?

“Empezaba; estaba en su ‘pinitos’, pero fue una amistad increíble porque estando Pedro con sus amigos en algún restaurante, en donde estuviera, si se asomaba mi papá, se levantaba como resorte y lo iba buscar, pero no lo traía del brazo, lo cargaba como nené y decía ‘este es mi apá’.

“Cuando Pedro volaba los aviones de Mérida-Ciudad del Carmen-Veracruz y México, al reportarse, llegando al Distrito Federal, decía por la radio ‘estamos volando el pico de Orizaba a dos mil pies de altura, estimamos nuestro arribo al aeropuerto de la ciudad de México en tanto tiempo, y ya que terminaba todo decía ‘¿viejo donde estás? Ahí te voy a cantar’, y desde el avión le cantaba a mi papá, así estuviera en Chetumal,  en Carrillo Puerto o en Mérida. Una amistad entrañable”.

– ¿Pedro Infante trabajaba en TAMSA o era colaborador?

“Era amigo… y en aquella época la amistad era lo que valía, y Pedro con tal de aprender a volar, y volar, trabajaba en TAMSA, y claro que le costaban sus pesitos porque de vez en cuando no había para el gasavión y Pedro decía pues ahí están los 10 mil pesos, pero él feliz.

“Desde el inicio de su ‘voladera’ se encerró en el campo del Fénix en Mérida, donde ahora está el Seguro Social, ahí había un aeropuerto grandísimo, y con un avioncito de dos plazas, subía y bajaba, subía y bajaba, y así estuvo como dos meses, y la gente, los amigos, las muchachas, todo mundo viéndolo, y ya que había más confianza subía a uno, le daba la vuelta y bajaba, luego subía a otro y lo bajaba, y en una de tantas subidas ya no regresó…”

– ¿Y luego? ¿Qué pasó?

“Se alteraron todos y Pedro no regresaba, y como a las tres horas regresa: pues que el señor se había ido a Carrillo Puerto a buscar a mi papá y cuando regresó le dieron un regaño que hasta mi papá le tocó: ‘pero cómo te atreves a subir con este loco, le dijo el comandante del aeropuerto, y mi papá respondió pues es que si ya llegó a Carrillo Puerto por qué no iba a poder regresar”.

Tanto fue su amor por la aviación, que mientras no tuviera filmaciones Pedro Infante se empleó como piloto de la ruta peninsular de TAMSA que realizaba cuatro vuelos semanales (martes, miércoles, viernes y sábados) Mérida-Chetumal-Carrillo Puerto-Cozumel, y viceversa.

Luego de 58 años de matrimonio, don Ruperto Prado Fuentes enviudó de su amada esposa Florinda González Berzunza, pero los bellos recuerdos quedaron pues pocas mujeres como doña Florinda pudieron presumir el haber recibido en tres ocasiones serenata, ni más ni menos que con el gran ídolo de México.

“En una ocasión después de una serenata me dice ‘mañana me voy a Isla Arena y les ofrecí un equipo de béisbol’. No le dije nada y apenas dieron las 8 de la mañana de ese día me fui al centro a buscar un equipo de béisbol para que se los llevara. En aquel entonces todo el equipo costaba como 300 o 400 pesos con todo, peto, careta, bates, todo, y me lo quiso pagar pero no se lo cobré”.

– ¿Y los de Isla Arena eran pescadores?

“Sí pescadores, gente sencilla a quienes les prometió un equipo para jugar con ellos y se los llevó y les cumplió. Así era Pedro… Mira, en una ocasión llevé a un compadre mío para que conociera la casa de Pedro Infante en Mérida. Pasamos por un costado y muy discretamente le mostré la piscina y el gimnasio que tenía y ya de regreso, cuando nos íbamos, escucho la voz de él diciéndome ‘Ruperto ven acá, ¿así tratas a tus amigos?’ Era Pedro que estaba en short acompañado de su guitarra. Pasé y le presenté a mi compadre César Ruiz y ya luego nos pusimos a cantar con él. Muy sencillote”.

– ¿Es cierto que salía en una moto, en Mérida?

“Tenía una moto Harley Davidson y un carro… esa moto yo se la vendí a un carpintero de apellido Cervera, le decíamos ‘Satanás’ Cervera y el carro era un Mercedes deportivo que todavía está girando en Mérida; de hecho el otro día me comentaron que andaba aquí por el bulevar de Chetumal…”

SUS VIAJES A QUINTANA ROO

– ¿Qué hacía Pedro Infante cuando venía a Chetumal?

“Bajaba del avión y como él era quien debía entregar la documentación, todo se lo encargaba a otras personas y tomaba cualquier vehículo del aeropuerto para venir a desayunar aquí con Garabana. Las cocineras eran unas beliceñas que lo querían mucho a él y él a ellas. Hasta la fecha ellas conservan un póster autografiado por Pedro… a una le regaló un reloj”.

– ¿Tenía alguna novia por acá Pedro Infante?

“(Risas) No, todas eran sus novias… En aquel entonces, no sé si conoces esa avenida del aeropuerto hacia el centro, por aquel entonces eran albarradas. Pedro llegaba en avión de ruta, dejaba los papeles para que otro los entregue y se iba con Víctor Vidal (el piloto con el que murió)  a desayunar a la casa Garabana y en el trayecto todas las familias, amigas, y muchachas estaban en las albarradas, echándole besitos a Pedro y él a ellas, de repente frenaba en cualquier casa y se metía hasta la cocina a gorrearles un taco…”

– ¿Cada cuando venía Pedro Infante?

“Pues mientras estaba de descanso en Mérida. Los domingos que no había vuelos, pedía un avión, se lo daban y subía al trío Los Tecolotes, a las secretarias, a unos amigos, pasaba a Carrillo Puerto por mi papá, y se iban a Cozumel a pasar el domingo, y de regreso entre las 5 y 6 de la tarde, regresaba a mi papá a Carrillo Puerto y volvía a Mérida…

“En una ocasión – y eso no salió nunca a la luz pública – venía el trío de Los Tecolotes, con las muchachas, e iban a pasar por mi papá para llevarle un pastelote a Nassim Joaquín, a Cozumel, pues era su cumpleaños, pero al bajar en Carrillo Puerto se rompió el tren de aterrizaje y se fueron yendo poco a poco a un barranco y el avión quedó al revés. Por fortuna no hubo nada que lamentar salvo que todos lo que iban a bordo, terminaron embarrados con el pastelote gigante. Mi esposa les dio blusas a las muchachas y yo camisas a los del trío, pidieron otro avión y siguieron su viaje a Cozumel”.

¿Y qué hacía Pedro Infante en Carrillo Puerto?

“Vacilar su punto… se subía a los árboles de chicozapote a querer ‘chiclear’ (hacer los cortes con machete para extraer la resina), andaba en bicicleta, es decir, como un chamaco que va a una excursión y quiere hacer de todo. En Carrillo Puerto se ponía a cantar con Rodolfo Loya y su hermano”.

– ¿Le gustaba mucho Carrillo Puerto?    

“Sí mucho, porque la gente convivía con él no como artista sino como ser humano. El detalle es que de pronto, por diferentes motivos, Carrillo Puerto fue eliminado de la ruta de TAMSA, y Pedro quería tanto a este pueblo que cuando venía de Cozumel para Chetumal le daba una o dos vueltas a Carrillo Puerto y seguía su rumbo, y al día siguiente que regresaba de Chetumal para Cozumel nuevamente se desviaba para Carrillo. La gente ya sabía que era él”.

Jacinto Prado Fuentes, hermano de don Ruperto Prado, también platica las andanzas de Pedro Infante en Felipe Carrillo Puerto. Esto fue lo que le dijo a la revista POSDATA, en abril de 1995: “Cuando venía aquí le gustaba ir de cacería incluso fue aquí donde aprendió el sistema Morse del telégrafo ya que él quería aprender, por lo que mi padre le solicitó al señor Peraza, maestro telegrafista y experto en ese ramo en la península que le enseñara y para asombro de éste, Infante memorizó el sistema Morse en 24 horas, cuando lo común eran ocho días para su aprendizaje”.

¿CONTRABANDISTA?

–  Don Ruperto se decía que Pedro Infante contrabandea ¿Es cierto esto?

“Su contrabando eran cuatro o cinco toallas, unas dos o tres bolas de queso, y unas botellas de whisky; ni  siquiera para su consumo personal, porque nada de eso llegaba a la casa, incluso a veces se los regalaba a los mismos de la Aduana de Mérida. Todos dicen que Pedro llevaba contrabando y si tú vieras, el día que cayó, el reguero de pescado por toda la calle,  pero esa ya es otra historia…”

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